Tengo un perro, un perro pequeño. Se llama Chico. Ya tiene cinco años. Desde hace un año no vive conmigo. Mi hermana cuida de él ahora y, aunque creo que es bastante más feliz ahora, a veces le hecho de menos.
Recuerdo que muchas veces me crispaba los nervios al salir a pasear con él porque se tiraba en plan rotwailer a todo macho con el que se cruzara, y lo peor es que estamos hablando de un chucho común, de los chuchos del barrio de toda la vida, de un palmo de alto y dos de largo.
Pasé más de un apuro por él, un pastor alemán que vive en la misma finca más de una vez se lo quiso comer, ganas no le faltaron. Yo acumulaba estrés y terror ante la posibilidad de que un día me lo mataran. Estaba claro que era él quién se lo buscaba pero no tenía forma de cambiar su carácter.
En casa era un perro muy bueno, muy cariñoso, juguetón, dormilón. A veces se ponía loco de contento y empezaba a correr por toda la casa como un rayo, de un lado para otro a toda velocidad, y de repente paraba y me miraba desafiante ladrando con la lengua fuera de puro cansancio.
Me hacía pequeñas putaditas de vez en cuando, como mearse en mis zapatos favoritos, o en los de Jose, en sus películas de video y alguna que otra cosa más, casi siempre irrecuperables.
Pero todo empeoró del todo cuando en mi misma planta vino a vivir una familia con un perro 4×4, de esos con los que no te apetece compartir ascensor. Pues ya la paranoia fue total. Más de una vez nos cruzamos en el rellano y de poco que no salimos bien parados. Llegué a salir de casa en plan espía, con el perro debajo del brazo, asomando la nariz por la puerta, con el oído alerta por si salía alguien, preparada para dar la vuelta.
Era una situación complicada a la que tuve que dar solución, ni Chico ni yo vivíamos bien. El tenía estrés perruno por tanto macho que hay en el barrio más el que yo le transmitía como ama, y yo con un miedo patológico a que lo mataran un día delante de mi sin poder hacer nada por salvarle.
El cambio ha sido positivo para él. Ahora vive en un barrio tranquilo, casi sin perros, donde puede pasear con mi hermana sin temor de enfrentamientos. Vive en una casa más grande y con más espacio para correr, con acceso a una terraza grande donde tomar el sol durante la mañana, y duerme todas las noches con ella, calentito, ya que el pobre es muy friolero y desde que tenía meses le gustaba meterse bajo la manta enrrollado a tus pies sin explicarme como podía respirar toda la noche allí cobijado.
Pues me acuerdo de su hocico y de sus ojos como dos botones. Me acuerdo de cuando se hacía un ovillo conmigo en el sofá y se quedaba dormidito. Recuerdo cuando se le quedaba la lengua fuera al dormir y al despertarse se quedaba un rato con la lengua fuera, tan gracioso. También cuando le hablaba y giraba la cabeza prestándome atención. Cuando aprendió a darme la pata para conseguir el jamón york. Cuando saltaba hasta lo más alto para que le diera su muñeco, y al atraparlo parecía que se le iba a ir la cabeza de los lances que le daba.
Me acuerdo de como venía saltando y poniéndose a dos patas cuando llegaba a casa, o como saltaba de un brinco cuando le decía – a la calle!. Recuerdo su miedo y como se acurrucaba conmigo cuando teníamos que ir al veterinario, que hasta se hacía caca el pobre. También cuando le rascaba la cabeza, si paraba venía y me daba en la mano para que siguiera. Así estaría toda la noche.
En fin, que te echo de menos mi Chico, dentro de poco iré a verte y estaremos todo el día juntos, y dormirás conmigo y te llevaré a pasear. Un besito, no me olvides.
Sorpresa!! sabes que no me gusta nada escribir…
Te leo desde que me pasaste esta dirección y me gusta mucho, me río mucho con las cosas que escribes, es como si te viera, como cuando nos contábamos nuestras cosas, tu siempre muy imaginativa y poética y yo radical y tajante… es que somos muy distintas.
Bueno… todo esto para decirte que de todo lo que he leído hasta ahora, este comentario sobre Chico me ha encantado, me he emocionado y todo, porque tu también lo habrás hecho mientras escribías, seguro, así que me has hecho escribir y todo, no te creas, que no lo voy hacer más veces…
Se las ganas que has tenido siempre de tener un perro y por fin, Chico era tu perro,era y es, lo que pasa es que lo tienes en la guarde-perri de Aguadulce, con su tía Isa, que seguro que lo esta mimando mogollón, pero tienes razón, da muchísima alegría tener un perro y se que lo echarás de menos un montón.
Bueno bicho, un besote y ahora va la bronca…. cuando te salga de los mismísimos, no quiero decir tacos aquí en publico que la gente no me conoces, pero eso de los mismísimos no l digo yo, ya lo sabes.
Pues eso, que si te queda algo de vergüenza podías venir un finde a mí casa que ya te vale pendón!!!
Un beso enorme y sigue escribiendo estas historias tan divertidas.
Estamos mirando tu blog desde Bélgica… Qué mono tu perro!!!
Un beso,
Hola Laura!, creía que te habías olvidao de mi!, se acepta esa invitación en breve, tenlo por seguro.
un besazo guapa!
Chicas, qué tal por Belgica, seguro que muy bien, contadme cosas de allí. Aquí las fallas como siempre, mucho ruido y demasiada gente. Lo único bueno el chocolate con buñuelos que he probado hoy en un sitio muy bueno llamado Fabian, increible.
Muas a las dos.