
Son las 3:00 de la mañana. No podía irme a dormir sin contar la historia que me ronda estos días por la cabeza.
El interminable e inagotable tema chicos versus chicas. Si, mucho se ha hablado y escrito sobre lo complejo de las relaciones entre ambos, y yo quiero aportar mi granito de arena, intentando no caer en el feminismo que aborrezco, todo sea dicho.
En el periodo de enamoramiento las parejas quedan en el portal para ir al cine, a cenar, a tomar una copa y después cada uno a su casa. Nosotras salimos monísimas, con nuestro mejor par de zapatos y la mayor de las sonrisas. Esta época está muy bien, aunque es terrible despedirse cuando lo que querrías es estar 24 horas pegada a tu chico.
Llega un día en el que decidimos dar un paso más allá y nos vamos a vivir juntos (otros se casan, para el caso es lo mismo). Entonces aparecen ciertas circunstancias que quiero analizar, son pequeños roces que afectan a la convivencia que en caso de no arreglarse pueden mandar a la porra la relación más perfecta que puedas imaginar.
Hablo de la limpieza del hogar (me ha costado ir al grano eh!).
Al principio todo son mimos y atenciones, cariño quieres esto, no cariño no te levantes, ya voy yo y todo eso. Después empiezas a fijar posiciones, en los tiempos que corren está muy mal visto ejercer de mujercita de tu casa. Todo empieza cuando te das cuenta de que si tu no recoges la mesa, los platos se quedan allí encima, y por la mañana siguen estando en el mismo sitio que la noche anterior!, no, no se van solos al lavaplatos.
Hay varias posibilidades llegados a este punto:
1. Quitarlos tú misma. Es la mejor opción si es a ti a quien le molesta que los platos sucios estén en la mesa. No te engañes, por más que a ti te crispe los nervios, a él nunca van a molestarle, aunque crezca fauna y flora en tu salón.
2. Dejarlos en la mesa esperando a que él los quite sin decirle nada. Nunca hagas eso, para ti es una prueba para saber quien aguanta más y, créeme, perderás. La razón es la que he dicho en el punto nº 1.
3. Ponte seria frente a él y hazle ver que siempre eres tú la que tiene que hacerlo y que por una vez podía recoger los platos él. Nunca hagas eso, no te entenderá, además es posible que empieces a caerle muy mal. No sabrá por qué le impones hacer algo que no le apetece hacer. Además, desde el momento en que se lo pidas, le apetecerá mucho menos.
4. Plánteate de quién es el problema, si de tu chico porque no te ayuda, o tuyo porque es a ti a quien no le gusta ver los platos encima de la mesa. Puedes teletransportarte a una casa en la que viviera él solo y pensar que haría, correcto, tampoco quitaría los platos porque simplemente no le molestan. Entonces quizás no lo hace por molestarte, es que vive feliz así.
5. Si tu problema es que no quieres limpiar los platos, negocia con él. Plantéale una solución que te libere de las tareas domésticas, los electrodomésticos ayudan mucho (lavavajillas, secadora…) y lo ideal del todo es contratar a una persona que te ayude dos veces a la semana. Asegurado, en este caso es más que probable que cooperen, te cambiará la vida y viviréis felices y comeréis perdices. Esta es la opción que recomiendo, pero cada uno que haga lo que quiera.
Este verano leí un libro de Jorge Bucay, el título es el típico que en otra situación hubiera descartado “Amarse con los ojos abiertos”, suena a súper cursi y un poco de auto-ayuda (buaggggggg), pero el caso es que es muy bueno. Me vino muy bien porque entendí que dedicamos demasiado tiempo a culpar a nuestra pareja de todo lo que nos molesta, pero no nos damos cuenta de que el problema no es de nuestra pareja, sino que el problema lo tenemos nosotros. Lo puedes aplicar a cualquier aspecto que se te ocurra, solo tienes que pensar: ¿qué me pasa a mi? para ver la situación desde otro punto de vista.
Conclusión , yo he decidido que antes prefiero quitar los platos si me molestan que discutir para al final quitarlos igual pero con cabreo añadido, mi problema está resuelto. Si se da la situación ideal de que mi chico quiere recoger la casa sin que le diga nada sabré que lo hace por hacerme feliz y… a quién le molesta que le hagan feliz?????
(postdata: ¿a que ellos nunca nos dirían que cambiemos la bombilla del baño, o que pongamos la barra de la cortina?, igual a ellos también les molesta que les asignemos un don genético para las chapuzillas de casa).