Me encanta San Valentín. Estoy dispuesta a reconocer que he dado a entender en algunas ocasiones que era un día que me daba igual porque es un negocio y todo eso, pero la verdad es que a nadie le amarga un dulce. Quien diría que no quiere pasar la noche cenando con un chico guapísimo en un restaurante preciosísimo, con un vino rojísimo en una copa grandísima con una comida riquisima y un postre de chocolate que ni te cuento!!!. A quien no le guste San Valentín, me parece bien, pero a mi SÍ me gusta. Y si viene acompañado de una cajita con cualquier cosa que brille mejor. Y si la cena es en París imagínate, me caso con San Valentín.
Que levante la mano quien pase de San Valentín!
