
He pasado las navidades en las carreteras de Marruecos, una tierra desconocida que sorprende gratamente, encantada de conocerte Marruecos. Marruecos se graba en mi mente a fuego con música de Ismael Lo, “Tajabone”, armónicas al atardecer, arcoiris de color y dunas en el horizonte.
Una gran aventura. Partimos 15 amigos desde Valencia a Algeciras (Salva, Victor, Amaya, Pepa, Esther, Gloria, Cisco, Jose, Sandra, Alex, David, Sandra 2, Andreu, Joan y quien firma). Ferry a Tánger y en autobús hasta Marraketch. Hostal justo en la plaza Fna, que cambia de color 3 veces en el mismo día. Por la mañana puestos de zumos riquísimos de naranjas recién exprimidas, la actividad regateadora del zoco y mucho movimiento. Por la tarde meriendas y puestos de comida. Por la noche tajin, cuscus, te con hierbabuena y tambores, y luces, y magia, mucha magia.
Después de 3 días, iniciamos camino hacia el Sahara, dejé allí mis fiebres por un virus inoportuno que llegó a asustarme bastante. Parada en Ouarzazate, cruzando el Atlas, con aventura incluida con nuestros guías locales que iban de pegamento hasta las cejas.

Al día siguiente, con puntualidad nada británica y chofer enfadado, seguimos camino al desierto. Paisajes maravillosos carretera adelante, Gargantas del Todra, atardecer de ensueño desde el autobús y por fín, ya entrada la noche, llegada a Merzouga. Nos recibieron con un reconfortante te marroquí en un hotel tapizado de alfombras y de hospitalidad tuareg. No vimos donde estábamos porque la noche ocultaba las dunas, pero al salir el sol abandonamos las jaimas en las que pasamos la noche y nos quedamos boquiabiertos al ver el principio del desierto, dunas y dunas por delante.
El año 2007 lo celebramos dos veces, a la hora española y a la hora marroquí, pedimos 5 deseos que quedaron enterrados en la arena del Sahara, dejamos atrás nuestras angustias y miedos y nos cargamos de energía para este año que ha comenzado. Al día siguiente pasé miedo, marchábamos desierto adentro en camello, tenía pánico a subir en este animal tranquilo pero a la vez tan imponente. Mis amigos y también mis amigos tuaregs me ayudaron, trajeron a Azú, un buen camello, tranquilo, y me llevó por el desierto sin miedo, disfruté mucho caminando entre dunas hasta llegar al Oasis donde íbamos a pasar la noche en la oscuridad, rodeados de camellos, las llamas del fuego, y los bailes y cantos de los tuaregs.
El regreso en camello fue un poco doloroso porque fue por terreno llano, por dunas es mucho mejor, nada más llegar nos esperaba el chofer para partir hacia Chauen, no pudimos llegar a tiempo y tuvimos que parar a pasar nuestra última noche en Fes, ya que al día siguiente seguíamos hasta Ceuta y de allí aún un largo y cansado camino de vuelta a Valencia.
Destacar los colores maravillosos de esta pequeña parte de Africa, los olores, los sabores. La calidez de las personas sencillas, la picardía de los resabiados acostumbrados a ver llegar turistas. La pobreza, la falta de trabajo o de ganas de trabajar, los hombres sentados en cafeterías era la nota llamativa de pueblo en pueblo, ninguna mujer a su lado. Casas de barro muy pobres, en todas parabólica, es curioso que la tele te acerca a tantos mundos y me voy con la sensación de que he estado en el fin del mundo por el atraso tan grande que he podido ver.
Gracias a los que me ayudaron, me atendieron tan amablemente, gracias a la mujer anónima que tejió la alfombra que ahora está en mi salón, es un pequeño tesoro de un país tan rico y bello y a la vez tan pobre y mísero. Un saludo a Hassan que nos atendió con tanta simpatía, qué diferente te imaginaba Marruecos, y que bonita eres.