
L’elisir d’amore (El elixir de amor) – Donizetti
Segundo Acto
Tras comprar el elixir del Doctor Dulcamara para enamorar a Adina, Nemorino es solicitado por todas las muchachas del pueblo, sin saber todavía que su atracción reside en la fortuna que le ha dejado su tío al morir, y no en el bebedizo. Adina, sin saber tampoco de la herencia, pero viendo a Nemorino contento y rodeado de muchachas, comienza a sentirse celosa y arrepentida del desprecio mostrado a su enamorado. Éste, al verla, sospecha los nuevos sentimientos que ella alberga.
Una furtiva lágrima
en sus ojos despuntó,
a aquellas alegres jóvenes
envidiar pareció.
¿Qué más buscando voy?
¿Qué más buscando voy?
Me ama, sí, me ama, lo veo, lo veo.
¡Un solo instante los latidos
de su hermoso corazón sentir!
Mis suspiros confundir
por poco con sus suspiros.
Los latidos, los latidos sentir,
¡confundir los míos con sus suspiros!
¡Cielos, se puede morir…!
No pido más, no pido.
¡Ah! ¡Cielos, se puede, se puede morir…!
No pido más, no pido.
Se puede morir…
¡Se puede morir de amor!