He estado una hora de reloj buscando y buscando pero nada. No hay web oficial de Manolo Blahnik. Vi los primeros Manolos en Sexo en Nueva York, mi serie favorita. Sé que nunca podré tener unos pero me hubiera gustado ver los modelos por internet para conformarme con soñar esta noche con ellos, pero no ha sido posible, no hay web. Intento explicarlo pensando que el gran Blahnik no quiere publicidad para que no le plagien, es un producto tan exclusivo que solo pueden acercarse a los ansiados zapatos las personas con mucho, mucho dinero, o bien posición social. A los demás nos gustaría al menos poder admirarlos, apreciar el arte de un maestro que consiguió que un zapato merezca que se pague por él más de 500 €, todo un mérito.
Sarah Jessica Parker los veía más que como un accesorio de vestuario como una pieza de coleccionista, como el mejor vino del mundo (Abadía Retuerta del 2001, nombrado en Berlín el año pasado, he probado una variedad inferior de la misma marca y tengo que reconocer que tuvieron un gran año). Lo que me da rabia es que cuanto menos accesible es algo para nosotros más nos gustaría poder tenerlo. Hace poco hemos visto el sillón de mis sueños, es de piel marrón, mullido, cuadrado, grande, precioso, clásico y moderno, increíble. Está en Hábitat y cuesta la friolera de 1440 euros, prohibitivo, pero me gusta pensar en que podría comprarlo en mil plazos y pasar ratos inolvidables leyendo sentada en él.
No soy materialista, soy feliz con lo que tengo y mi vida no puede ser mejor, pero me gusta soñar con manolos, sillones de piel, viajes a París, operas y diamantes. Son los adornos que dan color a nuestros sueños, y no hacemos nada malo por soñar, no?. Por eso reivindico al señor Blahnik que nos conceda el placer de ver sus zapatos, quizás algún día si ahorramos podamos tener un par, y seguro que los valoraremos más que París Hilton, que se compra cinco al día y no los llega a estrenar.
continuará…